La “pinta” son los primeros 12 días del año, al menos así, según la creencia popular, se los llama por aquí. Lo que la Pinta determina son el clima de cada uno de los meses venideros.

De acuerdo a esta creencia, a este conocimiento que de los antiguos ha llegado, según el aspecto y el color climático del tiempo del primer día del año, podremos saber cómo se desarrollará el mes de Enero.

Del mismo modo, viendo transcurrir el segundo día del año, sabremos que es lo que sucederá con el mes de Febrero.

Obviamente, teniendo en cuenta la perspicacia de cuanto quien lea esto y sin ánimos de aburrime hasta yo mismo, no seguiré contando mes a mes, sino finalizando ya y dando por entendido que todos quedarán a las claras que para saber qué ocurrirá climáticamente en el mes de Septiembre, sólo deben estar atentos a lo ocurrido en el clima del noveno día del año, lo mismo si deseara algún otro saber que será lo pertinente estar preparados para el mes de Junio, sólo haber estado al pendiente de lo que sucedió en el sexto día de este año que lleva ahora seis meses de haberse iniciado.

Concretamente eso es lo que define, designa, marca y prestidigita la “Pinta”, pero algo ha sucedido que las cosas no han salido como bien viene haciendo saber el dicho popular y cómo han sabido concebir los antiguas.

A buenas y primeras de me ocurren un par, al menos dos, alternativas al asunto: que los antiguos se hallan equivocado o que antes el año comenzaba en días diferentes.

Lo cierto es que no lo se, también podría existir una tercera alternativa, esa que mucho sucede dentro del mundo en que vivimos, donde uno dice una cosa, el otro de al lado escuchó eso, pero dejó que atraviese toda su cabeza, esa cabeza dejó que atraviese todo su corazón y, de ahí pasó a los pulmones, por la panza, el higado y cada uno de los órganos que nos componen pero que no dicen del todo quiénes somos, pero que al final de cuentas, todo vuelve a salir por la boca, lo que entró por los oidos, ahora, sólo unos minutos más tarde sale todo transformado.

A veces las transformaciones son sutiles, sólo el ojo atento y el oido perspicaz detectan las minucias que se van modificando de un texto que pasa de boca en boca, como se suele decir, o que atraviesa por entero a cada uno de nosotros y, por nuestras bocas termina siendo otra cosa.

Pero también suele suceder, esto según entiendo es lo que más sucede cuando en una pareja los amantes están un poco malos con su otra parte, que lo que uno dice, el otro casi que lo termina viendo, oyendo, comprendiendo y vuelto a comunicar casi del revés, por lo que vale más quejas al balde de los lamentos y otro golpe que asestar a esa pareja que qué poco que nos entiende y además sigue haciendo mal todo.

Pero también sucede entre amigos, entre conocidos, entre compañeros de las labores diarias. Estas confusiones son muy cotidianas, muy comunes en lo que hace a nosotros, los seres humanos. Incluso llegó a constituirse algo que se menciona tal como “psicología del rumor”, algo así cómo en qué bola de nieve se transformó una de las gotas del llanto que se cayó de mi ojo los otros días, que según las leyes del efecto bumeram, lo que ayer solté casi sin pensar, sólo batido por la pena y la congoja, hoy me regrese hecho una gigantesca gran masa de cosas que nunca han nacido en mi, que por supuesto llegan para acabar con el derrumbamiento de aquello que sólo nació con una lágrima.

Así es, hasta una psicología especializada en el rumor hay. No dudo que sean notables los frutos de aquellos estudios, más me pregunto de dónde surge el tener que especializarse en tal rama. Se que las cosas degeneran de una boca en otra, de una proclamación en otra, tal como vimos hace un rato, la melodía que uno canta, la escucha el de al lado, paso por todos los órganos que lo hacen sin ser ellos él mismo, pero todo se transforma.

Bien lo dijimos, de unos a otros, a veces la transformación es sútil, otras tantas, la transformación es atroz.

Creo, abriendo las puertas antes de que la equivocación golpee para anunciarme que he fallado, que cometí un error al pensar así, para que se me explique el cómo sería, creo decía, que la mentira encabeza la diferencia entre los sutiles cambios que se agregan de boca en boca, y las atroces transformaciones que operan cuando la bola de nieve cae a destripar la cabeza de alguien.

La mentira, evidentemente, tiene al menos dos aristas básicas, cuando es dicha sin saber y cuando es dicha a sabiendas. Del mismo modo, tiene otro toque, que es cuando el que a sabiendas permitió que una mentira escape de los límites que su boca pone a los pensamientos, termina esa misma persona creyendo lo inventado, lo falaz, aquello que no surge ni de la lógico ni la realidad de las cosas, sino de una necesidad muy personal, que admite un clima y un color diferente para sus días y lo que en ellos acontece.

Es mentira que si el sexto día del año fue de sol, hoy sea de lluvia, ahora que estamos en el mes 6, el mes de junio. Es mentira porque la Pinta nos ha enseñado eso. O es mentira porque se han equivocado quienes conceptualizaron la tan dichosa constelación que define interrelaciones entre días, meses y clima. O tal vez la mentira es porque aquellos, acertados en su concepción, no sabían que los otros, nosotros, haríamos intercambios en los almanaques que harían por tierra a sus grandes conceptualizaciones.

Pero lo peor de la mentira es que vos te la creas, que los que estuvieron aquí a todos nos vieron, también la crean.