Con una ruedas, es un hecho. Para que el camino se haga tienes que rodar. Pero no todo es esfuerzo, no todo es ir para adelante. La otra rueda es la de mirar. Con la bici se ven muchas cosas, la bici ayuda a descubrir o ver las cosas de otro modo, desde otra perspectiva que la habitual, la de aquel que visita, aquel que pasa…
Pero esta bicicleta tiene dos ruedas más, parece siempre de dos diámetros diferentes o de carriles que corren paralelos pero no son los mismo.
Mientras ruedo, mientras avanzo, veo, miro, conozco, mientras todo eso pasa, la gente pasa, yo paso y la vida pasa, también hay cosas que no dejan de suceder y nos van modificando a nosotros y nuestro mundo, de modo significativo e irreversible.
Entonces está la rueda del espíritu, de todo lo que se modifica dentro mío y, con total humildad, de todo lo que pueda modificarse en el encuentro conmigo.
Pero está la rueda del desastre, esta que contrarresta lo que también quiero decir, lo que deseo diga mi bicicleta: estamos ensuciando todo.
El modo en que vivimos, nuestras prácticas cotidianas, lejos de darnos mucho, nos está quitando un montón, pero un montón de cosas que ya jamás volverán a ser y no se trata de las añoranzas de un corazón impávido de futuros, sino de lo material que se va con las tecnologías que utilizamos.
La bici no contamina, motiva y mantiene animado nuestro cuerpo, hacer girar los dones de la vida por entre nuestras células.
Mientras tanto, millones de automóviles, millones de herramientas, que si no es de combustible, es de electricidad u otro tipo de energías no sostenibles, pero de algo se sirven, de un algo que ya no retorna y que, peor aún, están dañando lo que comemos, lo que andamos, lo que vemos.
Es increíble que el calentamiento global, la contaminación (en todos sus tipos: material, visual, auditiva, etc.), la deforestación y demás avances destructivos, sigan pareciendo temas novedosos en los medios. No sólo tendrían que estar ya instalados a fuego en nuestras vidas, sino debimos comenzar a obrar en consecuencia décadas atrás.
Cuando tiempo atrás se manifestaba con dudas que para 2020 sucederían grandes “desastres” naturales, a causa de este maltrato a nuestro ecosistema, sólo era cuestión de alguna gente particular, pero hoy, a qué responde que con manifestaciones tan fuertes e irrevocables como vienen sucediendo en todo el mundo, aún haya gente que siga ensuciando las calles, que si desperdiciando el agua, que siga contaminando el aire?
Bicicletas, energías sostenibles, higiene urbana, adecuado uso del agua y electricidad, cuidado y protección del medio: son cosas que no son de otro mundo ni de los grandes adinerados… sería bueno dar un paso!