El
pez?
Miras y no ves. Hablas pero no dices nada. No sientes, todo pasa de largo, todo se te pasa por alto. El sol sale, la luna se va. El mar no cesa en sus olas, el viento no detiene su paso. Nada, pero nada, hace clara tu existencia. Las ciudades encienden sus luces cada noche, las apagan cada mañana. La gente se despierta, va al trabajo, vuelve a la casa, a veces se detiene por unos tragos, pero no deja de regresar.
Se despiertan, se visten, se miran al espejo, ven lo de todos los días, aunque interiormente desean y se esfuerzan por ver algo distinto cada vez. Desayunan algo, los que tienen más tiempo o saben negociar con este. Revisan, observan si no olvidan nada, acomodan otra vez más sus ropas… otra pasadita frente al espejo, para cerciorarse si algo mágicamente cambió, si todo sigue igual, como preguntando si es necesario ir otro día más al trabajo.
Entonces se suben a los transportes, porque… cuántos caminan? cuántos cogen la bici para ir a sus destinos? cuántos modifican su destino para llegar a algún lado?
Entonces llegan a sus sitios, los rostros ya están listos, prestos para el plan de cada día. Ni hablar de lo que pasa dentro, todos lo sabemos, lo mismo de todos los días, sólo se modifica el color, el olor y el sabor, según el destino de cada quien, pero eso si, nunca cambia, es siempre lo mismo. Lo mismo hasta que acabe el día, lo mismo hasta que llegue la hora de retornar al hogar.
De nuevo al transporte, de nuevo las ovejas, todas juntas, con la energía que queda, ensalzados en las ilusiones de cambio, en los sueños de otro futuro, siempre diferente del presente.
Y así va saludando la luna cada noche. Se ríe, allá arriba, claro que se ríe, refleja una luz que no es suya, pero es a quien más observan, la estrella de muchos cuentos. Se ríe porque sabe reflejar bien la luz, se ríe por las ilusiones de todos los días, por los sueños de tantos futuros, por el presente que fue el futuro de los de antes.
Las olas ni cuenta se dieron que había muchas ilusiones, muchos sueños desparramados sobre la superficie, sobre la espuma de cada embate.
El viento intentó, eso creo, siempre esa sensación me queda, pero no tengo certeza que sea veraz, pero siempre empuja, yo qué se, tal vez sopla para que algo se mueva, para dar aire, para que alguna ilusión deje de serlo, para que algunos sueños tengan su eco en la realidad.
Cuántas fotos, cuántas imágenes de vida dentro de cada día. Si llueve refresca, si refresca hay espacio para el frío, si enfría se aleja, si se aleja, el frío ya no es tan bueno. Lo mismo al revés, lo mismo si es el calor el que visita, porque se aleja para no estar tan cerca, porque resulta pesado estar cerca con el bochorno del calor habitando el aire.
“Pico de oro” dijo el “tano”, pico de oro, el pez por la boca muere, habladores… quién sabe, a veces es el silencio el que dice, muchas veces las palabras las que ponen el sello a lo que no había que pensar.
Entonces qué? Cuál es el punto? Ahhh, lo siento, no lo sabía, no sabía lo del punto. Se que todos los que navegaban se guiaban de las estrellas para llegar al punto, la idea, claro está era llegar a algún lado. Pero, se me ocurre que si bien muchos sabían a dónde querían y todos querían a algún lado, también había ahí, en el silencio de “mejor eso no se dice”, digo, había, muchos que queriendo ir, no sabían a dónde. Y claro que llegaban, todos llegamos…
Tal vez existe el punto, el punto es la paciencia. No la paciencia del que espera, la paciencia del que vive.
Nacimos en la noche, pero la luz no se niega a nadie, sólo ir por ella…
