Varias veces, en algunos casos a la semana, en otros casos al día, pasan velozmente por la mente el inicio de oraciones, que ganas tienen de transformarse en relatos. Por lo general sucede cuando estoy caminando, yendo hacia algún lugar, o mejor aún, siempre que no puedo sentarme a escribir, o más trágico, incluso cuando no tengo ganas de hacerlo.

Los últimos tiempos han estado regados y han sido irrigados por numerosas oportunidades donde se encendían de ese tipo de frases que iluminaban nuevas historias, nuevos relatos, o sólo intentaban reflejar en palabras la multitud de cosas que se van apiñando día a día.

Pasados los 5 meses de estar viviendo en España, ya más cerca de los seis, las novedades se transforman en listas infinitas, al mismo tiempo que el silencio va ocupando muchos espacios, pero al que más ha atrapado es al de mis dedos, más bien, a la transformación de algún relato o idea, a través de los dedos en palabras escritas.

Tal vez esté un poco vago, tal vez un poco perdido, desencontrado, alienado, desentendido…

Pues no lo se. No puedo fijar la atención, llevo mes y medio intentando leer un libro, que bien interesante es, pero mi atención se niega a jugar el único papel que siempre le suelo otorgar: concentrarme en algo.

Al principio tuve que esforzarme mucho, para ordenar todos los papeles, es decir, hacer todos los trámites necesarios para poder residir adecuadamente en un nuevo sitio, además de buscar trabajo y trabajar una vez encontrado.

Ya pasé por ocho trabajos diferentes en los que va de estos casi seis meses: vendedor en una tienda de libros, servicio en una tienda de “abierto la 24 horas”, camarero en un casino, desgrabador de cintas, hacedor de encuestas en casas, validador de datos para empresas de investigacion de mercados y cebador de jaulas para atrapar animales salvajes, entre los que ahora recuerdo, es que ya se me van mezclando las cosas… Hasta ahora pude conocer como lugares nuevos a los que había visitado cuando vine la vez anterior: Vigo y Ourense en bicicleta, Alicante, Toledo en bicicleta también, Cercedilla (unas piscinas de río) en la montaña, La Pedriza (montañas con ríos al estilo Córdoba) en las afueras de Madrid y muchísimo de Madrid y sus cercanos alrededores, todo en bicicleta, ya que voy a todos lados, incluso al trabajo en ella. Incluyendo parques, jardines y demás, excluyendo, al menos hasta ahora, todo tipo de museos y demás cuestiones culturales que obliguen a tener que hacerlo en un horario especial y demás obligaciones, limitaciones y condiciones.

Cada vez me hago más reacio a hacer las cosas de modo ordenado, de obedecer a horarios, de tener que salir o entrar a en un momento determinado o tener que hacer algo premeditado o planeado con antelación. Obvio que a los trabajos respondo en forma y modo, pero lo cierto es que me aburro enseguida de todo ello. El proceso de desensibilización social se profundiza y acrecienta a cada momento. No es riesgoso ni contagioso para nadie. El único que corre peligro soy yo mismo, que en este seguimiento de discontinuidades se me complica cada vez más la permanencia en cualquier actividad, proyecto, emprendimiento y demás.

El dilema constante, sostenido, tal vez en los últimos 11 años, no sólo no se acaba, no se detiene, no desaparece, sino que se profundiza y acrecienta.

La ciudad me gusta, me siento cómodo en el país, pero es inevitable, cada vez que “subo” a la ruta, desear, querer prolongar el recorrido, sin tiempos ni horarios. Ya no se trata de un sueño, de un deseo, sino a veces, llega a plantearse como una necesidad, no podría decir que casi como respirar o beber agua, porque suena desde estúpido hasta irrisorio, pero la verdad es que algo, internamente no está funcionando muy bien…

La menor de mis hermanas lleva un semana de visita por estos sitios. Hemos realizado viajes cortos, en los próximos días haremos una visita a Galicia, pero la verdad es que Portugal, Italia y más allá, ya me están llamando de un modo contundente. El dilema es sencillo: no tengo dinero suficiente para irme de viaje y volver, es decir, si me voy, tendría que ser por mucho tiempo, para ir viviendo a cada día donde me toque, por supuesto con la bici, porque lo que se va en transportes pagos, se pierde en la posibilidad de alimentos para comer.

Y si acaso me transformara en escritor o algo así? Ya probé de conseguir trabajos que me obliguen a viajar, que la condición sea no hacer todos los días los mismo, no amanecer todos los días en el mismo sitio, no saber de memoria lo que viene un minuto detrás del otro, pero no conseguí nada. Entrevista hay, hubo y creo que si insisto no dejará de haber, pero el tema de haber estado dando vueltas, ya no es un beneficio para el curriculum que presento sino una imagen de lo que no conviene… NO haber hecho carrera no es bienvenido, no es bien recibido, por el contrario, aparece como la llave segura de la puerta que otra vez se abrirá para dejar “colgados” una vez más a los que abrigaron y aceptaron mi solicitud de trabajo.

Pues bien, así las cosas. Aún no logro entrometerme de modo claro en el enredo de hilos sociales, tampoco
termino de crear la herramienta laboral que me permita andar a ritmo propio y me de la moneda suficiente para andar tranquilo por ahí.

Pensé en las fotos, pensé en bici, pensé en no se qué… Por ahora sigo preparando las jaulas para los animales y la semana que viene de nuevo a los ordenadores y los estudios de mercado.

Tal vez, el mes que viene, que aquí se reactivan las cosas, tal vez en ese mes, alguien pueda ayudarme a descubrir que soy útil, y hasta quizá bueno, para algo que sea rentable, para algo que a alguien le deje rédito y a mi me permita andar por ahí…