Emplazada en las orillas del Río Tejo, tan cerca de las aguas del Océano Atlántico, estpa la antigua y siempre vigente Lisboa.
Una grata sorpresa para esta primera visita, tanta gente amable, tan bonito familias caminando por la rambla, montando bici, paseando frente al río, leyendo el periódico en paz, frente a las aguas, aprovechando el sol invernal…

Edificaciones antiguas, juntas una a la otra contra la ladera de la colina, el Castillo de San Jorge, con sus cañones que siguen apuntando hacia la costa, custodiando las aguas, las posibles llegadas no deseadas. Desde allí arriba se contempla la amplitud de la rivera, el gran puente para cruzar hacia el sur…
La Torre de Belém, magnífica construcción; la Plaza de Los Descubridores, honrando aquellos que fueron a explorar otras tierras… Mucha vida en las aguas, mucha vida, mucha historia a través de ellas.

Muy cerca de Lisboa, a 1 hora de tren, entre una y otra combinación, hallamos Sintra, una ciudad, que en mi opinión, más bien, según mi sensación, es como un sitio de paz…
La verdad no se nada de su historia, ni lo que se hizo, ni lo que se hará, pero al llegar, andar un poco, ver otra vez, pequeñas casas está vez mezcladas y desparramadas entre la vegetación, pequeños bosques, la sensación de profundidad, de silencio, de más allá, circula como una brisa de sosiego…
Febrero 8, 2009 at 11:29 pm
Me acuerdo ahora de tus talentos de poeta, amigo. Qué lindas palabras. Montado en bicicleta, a la velocidad que le da su propia energía orgánica, el mundo se ve cada vez más dulce.